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Un brindis por los mártires

Publicado por rodrigoretamal en Mayo 5, 2008

Pensé en titular esta columna como “Una longaniza de exportación”. Es que Ñublense está de moda, con justicia, porque el elenco chillanejo obtuvo una histórica clasificación a un torneo internacional. Todo el mundo habla ahora de los “Diablos Rojos” o el “Ñublenchester”, subiéndose a un carro de victoria ajena. Los mismos incapaces de situar el contexto y la historia con la que carga el conjunto rojo, porque en épocas pretéritas, simplemente, Ñublense no existía. Vale la pena siempre recordar ciertos orígenes, a ciertos mártires.

Y digo esto porque Ñublense comenzó a existir –con cierto grado mediático- en la temporada 2004. En ese año, el elenco que dirigía Luis Marcoleta llegaba a la liguilla de ascenso de Tercera División y lograba el paso a la Primera B con mucho sufrimiento: un agónico triunfo ante Curicó Unido en Chillán y luego una definición de desempate en Linares ante los mismos curicanos.

Pero ¿Qué pasaba antes con Ñublense?

El fin del año 2000 no era de feliz navidad en Chillán, pues el equipo de la ciudad cayó a Tercera División. Pese a tener jugadores que ocho años después tendrían éxito internacional como Humberto Suazo o Álvaro Ormeño, los constantes problemas económicos y las pellejerías que parecían de un equipo de barrio eran la tendencia en la capital de la provincia de Ñuble.

Antes de ese año, el peregrinar fue casi siempre entre el ascenso y el descenso entre Tercera y Segunda División. Solo entremedio un par de temporadas en la máxima categoría. Y aunque hoy cueste imaginarlo, en Ñublense el sufrimiento siempre imperó.

Hágase una idea del pasado relativamente reciente de los “Diablos Rojos”. Hoy, el sponsor de Ñublense es una compañía transnacional de lácteos. En 1996, el auspicio era Importadora Ñuble (¿?); un año después, Maderas Andrade (¿?); en 1999 era Constructora Iraira (que era la del entonces presidente Reiniero Iraira, un mecenazgo a cambio de propaganda). Perfectamente, estas firmas podrían estar en la camiseta de tela de cebolla de un equipo de población.

Y en este contexto, el del ese sufrido y pobre Ñublense, hay que extraer lo positivo, pues aquí están las verdaderas raíces de una clasificación histórica. Es desde estos lugares donde hay que obtener la génesis de la identificación futbolística de una ciudad que siempre dio buenos jugadores, pero que en su momento tuvieron que buscar nuevos horizontes para vivir bien del fútbol evadiendo las pellejerías chillanejas.

Por esto es que la clasificación pertenece a un Luis “bigote” Godoy, a un Antonio Muñoz, a un Marcos Sepúlveda, a un Mario “gol” Lagos (uno de los mejores jugadores que dio Ñublense al fútbol chileno), un Hugo Solís, un Juan Cobarrubias, a un Esaú Bravo, y a todos aquellos mártires que nadie nombra, que por la defensa de una camiseta aguantaron meses y meses sin cobrar el sueldo. A la vez, por supuesto que en este festejo no está permitido el ingreso de quienes robaron en la institución chillaneja (que no son pocos).

Desde esta tribuna, el homenaje para quienes aportaron en estos difíciles y sufridos 91 años de historia, que hoy tiene sus días más felices. Salud por los mártires.

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